Los Países Bajos están sufriendo una intensa ola de calor. Con temperaturas que superan los 30 grados centígrados, la gente busca maneras de refrescarse. Una opción popular es darse una ducha fría. Parece una forma rápida y sencilla de reducir el calor corporal. Pero, ¿realmente funciona tan bien como creemos?
La sensación inmediata del agua fría sobre el cuerpo puede resultar refrescante a primera vista. Mucha gente se siente revitalizada al instante tras una ducha fría. El chorro helado parece disipar el calor del día. Sin embargo, lo que ocurre en la superficie de la piel no siempre refleja lo que sucede en el interior del cuerpo.
Cuando expones tu piel al agua fría, tus vasos sanguíneos se contraen. Esta es la respuesta natural de tu cuerpo para conservar el calor. Tu cuerpo intenta evitar que tu temperatura corporal central disminuya. Como resultado, el calor queda atrapado en tu cuerpo en lugar de disiparse. Esto significa que, aunque tu piel esté fría, tu cuerpo en su conjunto no se enfría eficazmente. Por lo tanto, puede parecer que ofrece un efecto refrescante temporal, pero no ayuda a disipar el exceso de calor a largo plazo.
¿Por qué una ducha caliente puede ser mejor?
La idea de tomar una ducha caliente durante una ola de calor puede parecer contradictoria. Pero es importante comprender cómo responde el cuerpo al calor. Cuando el agua caliente corre sobre la piel, los vasos sanguíneos se dilatan. Esto se llama vasodilatación. Esto ayuda a que la sangre fluya más cerca de la superficie de la piel, permitiendo que el calor se disipe de manera más eficiente.
Si bien una ducha caliente puede aumentar la sensación de calor al principio, con el tiempo ayuda a regular la temperatura corporal. Sin embargo, en un día caluroso, una ducha caliente puede no ser la opción más cómoda. Por eso, el agua tibia es ideal, ya que proporciona suficiente vasodilatación sin generar una sensación de calor excesiva.
El termofisiólogo Coen Bongers explica que es importante que el agua esté más fría que la temperatura corporal, pero no demasiado, para evitar que los vasos sanguíneos se contraigan. Esto permite una disipación de calor más eficiente. Al permitir que el cuerpo libere calor, a la larga te sentirás más fresco y cómodo.